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Reflexiones feministas sobre la economía de plataformas o que el algoritmo no controle tu humanidad

Kruskaya Hidalgo, del Observatorio de Plataformas, Ecuador, aborda la problemática de las aplicaciones de transporte y reparto planteando reflexiones feministas sobre la economía de plataformas desde la interseccionalidad.

Published onJul 08, 2023
Reflexiones feministas sobre la economía de plataformas o que el algoritmo no controle tu humanidad

Caminaba cuesta abajo, rápido y tratando de buscar algo de sombra. Era uno de esos días que en Quito el sol es tan fuerte que duele la piel. Mientras iba ensimismada en mis pensamientos escucho la voz de una mujer diciendo mi nombre. Alcé la mirada y vi a Yorya, una compañera migrante trabajadora de Rappi saludándome mientras detenía su bicicleta. Nos abrazamos rápidamente porque ella llevaba un pedido y cada minuto cuenta en el trabajo de reparto con apps. Vi a Yorya partir, esforzándose por subir en bicicleta esa calle tan empinada mientras cargaba esa mochila tomate. ¡Sí que hacía sol! Y ella iba toda tapada para no quemarse la piel trabajando tantas horas en la calle.

Conocí a Yorya en julio de 2020. Una trabajadora de plataformas digitales, migrante venezolana, que trabajaba repartiendo por las calles de Quito mientras su embarazo avanzaba. Fue el primer caso que acompañamos desde el Observatorio de Plataformas de esta índole, donde la interseccionalidad de la economía de plataformas era tan evidente y a la vez tan compleja: precarización, género, migración, maternidad, salud, regularización. Sobre eso quiero reflexionar en estas líneas, de la importancia, pero sobre todo de la urgencia, de llevar análisis feministas interseccionales a los debates de la gig economy. De problematizar desde la mano de obra que sostiene estos modelos de trabajo hasta los impactos en los cuerpos y territorios a causa de su cadena de producción; del trabajo de cuidados y el acoso sexual; de la algortimización del trabajo y la desregularización de mercados; de la creación de consumos y creación de subjetividades; las narrativas dominantes y la falacia de la economía colaborativa a la que estas empresas tratan de adherirse. Independientemente de si hablamos de plataformas digitales de geolocalización o de audiencias geográficamente dispersas –también llamadas crowdwork (OIT, 2018)– es fundamental disputar las narrativas y visibilizar que la explotación y precarización que estos modelos de negocio generan tienen rostros específicos. 

Llegué al tema de plataformas digitales de reparto en 2019 y desde 2020 he creado un proyecto/colectivo de incidencia sobre la situación que viven las personas trabajadoras de reparto y conducción con apps en Ecuador, llamado Observatorio de Plataformas. Desde que inicié los primeros mapeos sobre la caracterización socioeconómica de las personas trabajadoras de reparto en Ecuador, tuve la intuición que el tema migratorio jugaba un eje fundamental. Luego mis sospechas se confirmaron cuando, en 2020, varios mapeos a nivel regional demostraron que gran parte de la fuerza de trabajo dentro de estas plataformas era migrante. Hago referencia a los casos de Colombia (Jaramillo, 2020), Perú (Dinegro, 2020), Argentina, Chile (Morales, 2020) y Ecuador (Hidalgo, 2020a), donde las personas trabajadoras además de ser mayoritariamente migrantes, eran venezolanas. Y en los países donde no lo eran, como en Brasil, la mayoría de las personas trabajadoras de plataformas son afrobrasileñas. (Abilio et al., 2020) ¿Qué implicaciones tiene para América Latina que la fuerza de trabajo de plataformas digitales de reparto sea sostenida por gente migrante y racializada?

Queda claro que la división internacional, racial, sexual y geográfica del trabajo no es ajena a la gig economy. El trabajo es subcontratado y tercerizado dentro de estas plataformas por empresas del Norte global y realizado por personas del Sur global. Por otra parte, la producción de manufactura tecnológica se realiza mayoritariamente en países del Sur global donde se paga a quienes elaboran estos equipos y repuestos precios irrisorios – siendo las mujeres la mano de obra mayoritaria en la producción de esta manufactura. Como afirma Lisa Nakamura “[el] trabajo femenino barato es el motor que impulsa internet”. (2015) Es decir, la producción tecnológica y el trabajo operativo de estas empresas de plataformas digitales es realizada por fuerza de trabajo racializada, feminizada y precarizada. Pero, además, dentro de estos debates es apremiante problematizar cómo la producción tecnológica genera un impacto negativo para la naturaleza y para las comunidades que viven en los territorios de donde se sacan los recursos naturales. Minería a gran escala, racismo ambiental, contaminación por desechos electrónico-tóxicos son algunos de los elementos para continuar esta conversación, que como sabemos, afectan en mayor grado al Sur global.


En los últimos años “pedir un Uber” o “pedir comida por la aplicación” se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad. Estas aplicaciones de transporte y reparto son visibles, la gente que trabaja en ellas recorre las ciudades de nuestros países todos los días. De manera reciente, estudios, documentales y paros internacionales se han desarrollado para problematizar las implicaciones que tienen estos modelos de negocio. Ahora sabemos que las personas que trabajan en estas aplicaciones no tienen contratos laborales, no cuentan con seguridad social, no reciben un salario básico por su trabajo. También sabemos que la gente que trabaja en apps de transporte y reparto trabajan más de 12 horas al día, 7 días a la semana. Con hashtags como #EnTuPedidoVaMiVida, las organizaciones de trabajadores de reparto en toda América Latina han denunciado como arriesgan su vida cada día durante su trabajo. Si tienen accidentes de tránsito, las empresas de apps no les cubren los gastos médicos, no indemnizan a sus familias en caso de muerte y deshumanizan a tal punto a la persona trabajadora que cuando sufre un accidente les preguntan cómo se encuentra el pedido y a qué hora irán a entregarlo a destino, en vez de preocuparse por su salud. 

Las aplicaciones de reparto y transporte como Uber, Lyft, Cabify, Pedidos Ya, InDriver, Rappi, Didi organizan el trabajo mediante algoritmos. Esto quiere decir que generan sistemas de puntuación para que clientes y establecimientos/negocios califiquen a las personas trabajadoras. A través de estas calificaciones, se asignan pedidos y carreras a las personas repartidoras y conductoras. Además, el control del trabajo se da por GPS, delimitando las rutas que deben tomar. Esta forma de organización atomiza las relaciones laborales, porque ya no queda claro quién evalúa tu trabajo, ya no hay un departamento de recursos humanos, no tienes un lugar de encuentro con tus compañeras de trabajo para organizarte y en sí, la relación con tu empleador pasa por una aplicación de celular y un sistema matemático de procesamiento de datos y no un ser humano. “Mi jefe es una app” presenta grandes retos para la experimentación del trabajo y demuestra que la algoritmización de la vida es un escenario cercano. Por otra parte, las personas trabajadoras de plataformas digitales cobran por cada servicio realizado pero las empresas se quedan con un porcentaje. 


Las plataformas digitales se incrementan todos los días, también su área de acción frente a las actividades y servicios que van cubriendo. Ahora podemos encontrar aplicaciones para hacer compras de supermercado: ¡sí, tú te quedas en tu casa!, mientras mandas una lista de lo que quieres y alguien va al supermercado a comprar todos esos productos, buscando minuciosamente marcas, precios, peso, ingredientes, etc, por ti. También hay aplicaciones para contratar servicios de comunicación, diseño gráfico, edición de estilo. Puedes coordinar quién saca a pasear a tu perro por ti con una app de celular. El capitalismo ha encontrado un nicho de mercado muy fructífero, pero no es solo un tema de nuevos modelos de negocio. La economía de plataformas busca instaurar un nuevo régimen laboral, tributario, político. Nos enfrentamos a la desregularización del trabajo, a la desregularización de los sistemas de recaudación fiscal, a la desregularización de las prácticas monopólicas en el mercado. 

Sin embargo, la atención que han recibido las aplicaciones de reparto y conducción no es la misma que otras también existentes. La (sobre)exposición de estas dos actividades con aplicaciones móviles se debe en gran parte al ámbito público donde se desempeñan estos trabajos. Adicionalmente, no es menor mencionar que son dos actividades laborales sumamente masculinizadas. Pero no podemos decir que todas las aplicaciones tienen las mismas implicaciones. En general, la lógica de puntuación dentro de las apps para evaluación de desempeño, la flexibilización laboral, la organización del trabajo con base en la algoritmización son elementos que pueden transversalizar entre plataformas. Sin embargo, existe una gran feminización de otras aplicaciones que se desempeñan en el ámbito privado.

Ahí llegan las apps de cuidados. Las aplicaciones de trabajo de cuidados han comenzado a incrementarse y en algunos países a existir por primera vez. Pero no podemos comparar y afirmar que es lo mismo pedir un Uber que contratar a una mujer para limpiar tu casa. El trabajo doméstico tiene en sí una historia colonial y patriarcal que lo hace muy distinto a manejar un auto. El trabajo de cuidados ha recaído históricamente en las mujeres, un trabajo invisibilizado, no pagado y totalmente desvalorizado. “La inmensa cantidad de trabajo doméstico remunerado y no remunerado realizado por mujeres en el hogar es lo que mantiene el mundo en movimiento.” (Federici 2012, p. 2) Con la globalización y la crisis neoliberal de los cuidados, han sido las mujeres migrantes y racializadas del Sur global quienes realizan mayoritariamente este trabajo. Y dentro de los países de América Latina, quienes realizan trabajo remunerado del hogar son mujeres indígenas, afrodiaspóricas y mestizas empobrecidas. ¿Qué implicaciones tiene que la reproducción social de la vida esté mediada por aplicaciones móviles de celular? ¿Cómo impactará en la vida de las mujeres que el trabajo de cuidados ya de por sí precarizado ahora se organice a través de algoritmos? 


Yorya trabajó como repartidora con Rappi y Glovo hasta sus siete meses de embarazo. Usaba sacos, chaquetas y chompas grandes para esconder su vientre, porque temía que si las empresas descubrieran que estaba embarazada, le cerrarían sus cuentas en las apps. Es decir, ¡la despedirían! Sus temores no eran infundados, en varios países a nivel mundial se habían reportado casos similares, mujeres embarazadas despedidas de apps de reparto. Mientras compañeras repartidoras como Yorya se enfrentan a estos niveles de desprotección en Pedidos Ya, Delivery Hero, Uber Eats, Rappi (Hidalgo, 2020b), compañeras conductoras de Uber ganan menos que los hombres por el mismo trabajo (Hunt y Samman, 2019); compañeras trabajadoras remuneradas del hogar en Alia, Tidy, Handy, etc, denuncian acoso sexual y maltrato dentro de las casas y oficinas (Browning y Conger, 2020). 

Estas realidades nos deben llamar a la acción. Esa es la batalla que estamos luchando desde toda trinchera, reclamar dignidad para las personas que trabajan dentro de empresas de plataformas digitales. La incidencia feminista y decolonial en los debates de la gig economy es fundamental para generar propuestas de lucha y resistencia ante el capitalismo tecnológico. Disputar un futuro del trabajo con derechos laborales no puede estar ajeno a la lucha feminista, antirracista, por regularización migrante. Estas pequeñas letras son ideas, preocupaciones, deseos de seguir explorando las implicaciones del avance tecnológico y cómo desde nuestros lugares situados de lucha podemos contribuir con otros mundos posibles. Con mis compañeras del Observatorio de Plataformas tenemos un lema, “que el algoritmo no controle nuestra humanidad”. Estoy segura de que la intervención feminista y descolonial es fundamental para lograrlo.



Referencias

Abílio, L. C.,  de Almeida, P. F., Amorim, H., Cardoso, A. C. M., da Fonseca, V. P., Kalil, R. B., & Machado, S. (2020). Condições de trabalho de entregadores via plataforma digital durante a Covid-19. Revista Jurídica Trabalho e Desenvolvimento Humano, 3. 10.33239/rjtdh.v.74 

Browning, K. & Conger, K. (10 de septiembre de 2020). Cleaners demand harassment safeguards from the booking service handy. The New York Times. https://www.nytimes.com/2020/09/10/business/handy-service-cleaners-harassment.html 

Dinegro, A. (2020). Capitalismo de plataformas: mi jefe es una App. Espiral, revista de geografías y ciencias sociales, 2(3), pp. 123-131. https://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/espiral/article/download/18452/15692/64184 

Federici, S. (2012). Revolution at point zero: Housework, reproduction, and feminist struggle. Oakland: PM Press.

Jaramillo, I. (2020). RIDERS: Entre el desvalor del trabajo y la superación del confinamiento. Bogotá: Friedrich-Ebert-Stiftung. http://library.fes.de/pdf-files/bueros/kolumbien/16287.pdf 

Hidalgo, K. (2020a). Habitando las economías de plataforma. El ser mujer repartidora en Uber Eats y Glovo en Quito. En: Revista Akademía 3(1), pp. 329–377.

Hidalgo, K. (2020b). Madres, trabajadoras y precarizadas. La situación de las mujeres repartidoras de App en Ecuador. En Opción S. https://opcions.ec/portal/2020/10/07/madres-trabajadoras-y-precarizadas-la-situacion-de-las-mujeres-repartidoras-de-app-en-ecuador/ 

Hunt, A. & Samman, E. (2019). Gender and the gig economy. Critical steps for evidence-based policy. ODI. https://cdn.odi.org/media/documents/12586.pdf 

Morales, K. (2020).  La valoración de la flexibilidad y la libertad en el trabajo de las apps. ¿Los trabajadores de plataformas son sujetos neoliberales? In: Hidalgo, K. & Salazar Daza, C. (Eds.) Precarización laboral en plataformas digitales. Una lectura desde América Latina, pp. 37-54. Quito: FES-ILDIS Ecuador.

Nakamura, L. (2015). The unwanted labour of social media: Women of colour call out culture as venture community management. In: New Formations: A Journal of Culture/ Theory/Politics 86(1), pp. 106–112. 10.3898/NEWF.86.06.2015 

Organización Internacional del Trabajo. (2018). Digital labour platforms and the future of work: Towards decent work in the online world. https://www.ilo.org/global/publications/books/WCMS_645337/lang--en/index.htm 

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